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Al partir

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Estábamos de pie, quietos, sin mediar palabra. Ante nosotros se imponían las cuatro columnas de Bellaterra. Un lugar que siempre que podía evitaba. Evitaba ir por la autopista que las deja ver. Y si no había más remedio que circular por allí, cuando las cuatro columnas podían alcanzar mi vista, ladeaba mi cabeza hacia el otro lado, como cuando uno aparta la mirada cuando alguien con quién no hay demasiada confianza se desnuda. Seguramente lo hacía para evitar la nostalgia. Un sentimiento horroroso que sentía que hacía años el mundo del marketing había fagocitado. Había encontrado un filón para vender cualquier mierda. Apelar a la nostalgia de un mundo mejor, un mundo que ya no existe, un mundo que estuvo en nuestras manos y se fue estropeando, oxidando, una realidad a la que ya se le notan las costuran, o que quizás, directamente está rota, y con ese vacío “nuestro” y con ese afán de “ellos” para vender, se creaba el caldo de cultivo perfecto para hacernos revivir una realidad virtual....

Arden

Música para acompañar   -Tres años – dijo él. -¿Cómo? -Tres años es el tiempo que tardó el olor a ceniza a desaparecer de mi hogar, de mi tierra, de mis caminos. Ella permaneció en silencio, permitiendo una pausa necesaria para que pudiera coger aire y prosiguiera con su relato. -Tras dos años y once meses paseando por esos bosques de los que crecían tímidos arbustos, todavía podía oler la madera calcinada, tanto si el clima era seco y se olía en el polvo, como cuando llovía y en los destellos oscuros del agua que recorría los riachuelos alrededor de los caminos, que aunque parecían sanar la tierra, todavía se arrastraban el dolor de sus heridas abiertas – cogió aire – Pero al tercer aniversario dejé de sentirlo. No sé si fue porque me acostumbré, porque mis pulmones se cubrieron de un alquitrán cenizo o porque la tierra por fin pudo olvidar aquello que se le había arrebatado. -La tierra no olvida. La tierra no perdona. – dijo ella. Ninguno de los dos sabía hablar, Bruno divagaba y...

A l'ombra de les magnòlies

Sonava a través de l’altaveu de la tauleta de nit “Debe ser” de Valeria Castro i la Sílvia Pérez Cruz, “Que algo de dentro de mí se muera” deia una d’elles, sentidament, “Tiene tu nombre”.  L’últim gemec feia pocs segons que s’havia esfumat dels nostres llavis. Unes últimes respiracions ràpides seguien, com quan un apaga una màquina de vapor però l’escalfor residual de les calderes manté en moviment les turbines. Somreia amb l’estranya sensació d’entendre per fi una cançó que havia escoltat feia molts anys i no sabia de què parlava i ara, empès i il·luminat amb algun do extravagant, la lletra i la música es fusionaven en un sol sentit holístic. Podríem dir que, d’alguna manera, era gràcies a tu, tot i que tu no me l’havies explicat en cap moment. Però tenir-te al costat era com tenir la Pedra Rosetta, una traducció simultània d’allò ocult entre les línies. Aquella connexió màgica entre tu, jo, la música, en definitiva, el mon. O potser l’únic racó que sentia salvable d’aquest m...

Cuerdas

Me acordé, antes de salir por la puerta, de algo que me dijo Sara cuando todavía íbamos al colegio. -¿Cuándo se decide que una cuerda es una cuerda? -¿Cómo? – dije. -Ayer mi padre me decía que una cuerda era un grupo de hilos que se trenzaban y se entrelazaban hasta formar un cordel, y que para formar una cuerda, se trenzaba y entrelazaban cordeles hasta que era lo suficientemente gruesa para considerarla cuerda. ¿Entonces, cuando se distingue que los hilos forman un cordel y cuando forman una cuerda? Siempre que Sara se encontraba rizando el rizo a cuestiones relativamente banales me sentía fascinado y abrumado a partes iguales. Fascinado por la capacidad de Sara de reflexionar acerca de lo insignificante, pero a la vez abrumado porque raramente sus preguntas tenían respuestas fáciles. -No lo sé – dije inicialmente, luego sin reflexionar – Quizás cuando son capaces de aguantar el peso de una persona. Un cordel quizás no podría aguantar el peso de un ser humano – y de manera inocente e...

Pensario

  26 de abril: Te he visto en el metro y el corazón me ha dado un vuelco, como si empezara a latir del revés, dónde antes el corazón se estrujaba lo notaba relajado, y dónde se ensanchaba lo sentía apretado. Suficientemente extraño como para no excitarme (sexualmente, quería decir, en un lugar inapropiado), pero suficientemente intenso como para decidir escribir un diario de mis pensamientos a partir de hoy, un "pensario" por lo que pensé, sentí o intuí tras bajarme en la siguiente estación y despedirme de tu imagen. Eso es, he bajado a Diagonal con una certeza absoluta de que no te podré olvidar en las próximas 24 horas. 27 de abril: No me he equivocado. Me he despertado acordándome de tu cara, de tu mirada. ¿Nos miramos, cierto? ¿O solo te miré yo a ti? No importa demasiado, creo, estoy casi seguro que nuestros ojos se cruzaron en algun momento, cuando mi corazón volcó como una canoa en aguas agitadas. Sabía que sería raro encontrarte esporádicamente de nuevo en el transpor...

4- Jaiq (adolescencia y juventud)

 Un día atrapé un ratón y lo metí en un recipiente del que apenas podía moverse ni tampoco escapar. Había traído una caja con alfileres que había robado de la mercería del barrio. Me hice una pregunta. ¿Cuántos alfileres se pueden clavar en un ratón antes de que muera? La respuesta son 47. Tienen una resistencia descomunal. Para un ratón un alfiler es como si a nosotros nos clavaran un cuchillo. Me puse un guante con protección sabiendo que los ratones se ponen bravos cuando están asustados, son capaces de morder la piel, travesarla y provocar cientos de enfermedades mortales en los humanos. Veía a las parejas caminando por la calle, cogidos de la mano, sabiendo que llegaban a casa, que tenían sexo, que se follaban y una parte de mí tenía gran curiosidad  también en descubrir que era poder penetrar una vagina, sentir el calor de un cuerpo y a la vez sentía un gran odio y una gran envidia. A veces podía excitarme, tocarme pensando en ello, pero nada podía superar el grado de ex...

3- Joel (adolescencia y juventud)

 “Lo siento, eres muy atractiva, me encantas como persona, pero ahora mismo no estoy buscando estar con nadie. Quiero focalizarme en mi carrera profesional y no me planteo una relación”, dije a Rayxelle cuando juntó el valor para declararse. Sabía que en algún momento iba a suceder, y a pesar de mis intentos de alejarla y mostrar cierto desinterés, no hacía más que aumentar su deseo de estar conmigo. Me daba cuenta pero no sabía como pararlo. No es que no me gustara ella, pero la disciplina mandaba por encima del amor. Lo recordaba mientras suspiraba el aire del cigarrillo que estaba fumando. ¿Cómo habría sido mi vida de distinta si ese día hubiera dicho “sí, quiero estar contigo, no quiero ser policía, cuando cumplamos los dieciocho nos iremos de Las Paces a buscar vida fuera, como hacen todos los jóvenes con algo de talento. Nos iremos a Nueva York”. Nunca lo sabré. Mi adolescencia no fue muy interesante, me dediqué a estudiar, sacar las mejores notas posibles, graduarme con los ...